Por una moda más transparente

“Trabajar por una industria de la moda más ética y transparente es luchar por la mejora de las condiciones de trabajo de las mujeres. La igualdad salarial, la lucha contra los prejuicios de género, la capacitación y el empoderamiento femenino son consecuencias de nuestras acciones”, dice la diseñadora Eloisa Artuso, directora educativa de Fashion Revolution Brasil y profesora del Istituto Europeo di Design (IED) y cofundadora de UN Moda Sustentável

Durante doce años, trabajé como diseñadora para marcas de todo tipo; grandes, pequeñas, conceptuales, de lujo. Pasé por diferentes experiencias. En cuanto se lanzaba una colección, yo ya estaba diseñando la próxima. Hasta que me di cuenta de que la moda iba a una velocidad muy rápida y en mi trabajo tenía conectado el automático. Ya sabía los colores, estampados y modelos que se vendían mejor y apostaba por ellos, sin pensar.

Comencé a cuestionarme y vi que estaba desconectada de lo que más me gustaba. Ya no tenía sentido. Mi deseo era contar la historia de las colecciones, crear productos con sentido, cuidando la calidad de la materia prima, del acabado, respetando a las personas que participaban en el proceso.

Decidí parar y me mudé a Londres en 2012, donde hice un máster en Futuro del Diseño. Me quedé dos años estudiando y rescaté los valores que pensaba que había perdido la moda. Empecé a preguntarme cuestiones éticas sobre mi profesión. Investigaba y escribía sobre moda sustentable, vi que era posible trabajar de una manera completamente diferente y me interesé por el tema de la educación.

En 2014, de paso por Brasil, pero con la intención de volver a Londres, vi que Fashion Revolution daba sus primeros pasos por aquí, lo que me hizo quedarme. El movimiento nació tras el derrumbe del edificio Rana Plaza, en Bangladesh, el 24 de abril de 2013, donde murieron más de mil personas y resultaron heridas otras 2.500. El edificio estaba ocupado por fábricas de ropa y la gente trabajaba en condiciones parecidas a la esclavitud. Fue el peor accidente en la historia de la industria de la moda. Este desastre se transformó en un hecho decisivo y el 24 de abril quedó establecido internacionalmente como el Fashion Revolution Day (Día de la Revolución de la Moda), un día para decir basta y concienciar al mundo de que la gente no puede perder su vida para alimentar el ritmo frenético de la moda. Se lanzó la campaña #QuienHizoMiRopa para cuestionar a las marcas, al mercado y a los consumidores y hacer ver que, detrás de cada pieza, hay personas involucradas en el proceso.

Fashion Revolution venía al encuentro de todo lo que tenía sentido para mí. El movimiento lucha por más ética y transparencia en la cadena de la moda, por prácticas más sustentables, promueve cambios de mentalidad y comportamiento en todos los implicados. Busqué a Fernanda Simon, que estaba implementando el movimiento en el país, y me convertí en la directora educativa del Instituto Fashion Revolution Brasil.

Promover la transparencia en la industria de la moda está directamente relacionado con la mejora de las condiciones de trabajo de las mujeres. En Brasil ellas ocupan el 75% de los puestos en el sector. Sea en los departamentos de confección o en los puestos directivos, el esfuerzo que hacemos para lograr una cadena más justa fomenta la lucha por la igualdad salarial, combate prejuicios relacionados con el género y violencias como el acoso moral y sexual.

El año pasado, apoyadas por Fundación C&A, lanzamos la primera edición del Índice de Transparencia de la Moda, una metodología de Fashion Revolution Global que analiza el nivel de transparencia de las marcas. Estudiamos las informaciones divulgadas públicamente por 20 marcas que operan en Brasil en relación a prácticas sociales y ambientales, trazabilidad, condiciones de trabajo, mujeres, residuos, entre otras. De esta forma, hacemos que cada marca revise sus prácticas y cree cambios efectivos que garanticen que esas informaciones se ajustan a sus principios. Mientras el mundo trabaje solo con el lucro como meta, no habrá ningún cambio.

Hace cuatro años que dirijo los proyectos y llevo estos temas a las universidades en forma de conferencias, acciones, talleres, debates, con el objetivo de orientar a los nuevos diseñadores para que observen esas cuestiones, que todavía se tratan superficialmente. En 2018, estuvimos en 47 ciudades y 73 facultades y escuelas técnicas. El movimiento ganó fuerza en todo el mundo y se transformó en la Fashion Revolution Week (Semana de la Revolución de la Moda).

A raíz de una búsqueda personal, terminé cambiando mi trabajo y otros aspectos de mi vida. He cambiado completamente mi manera de consumir moda. Hoy, solo compro ropa de marcas locales si conozco su procedencia y sé que trabajan de forma justa o de tiendas de segunda mano. Me hice vegetariana y empecé a consumir productos ecológicos. Todo es mucho más coherente, no se puede hablar de sostenibilidad en la moda sin cambiar el entorno. Y lo mejor es que eso reverbera en las personas que están cerca de mí.”

“Este texto es parte de una serie publicada por la revista Marie Claire Brazil en colaboración con Fundación C&A. Da click aquí para ver la versión original de la nota:”

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