Lucha Colectiva

Queremos apoyar iniciativas de moda que afirmen la identidad y rompan con los estereotipos que contribuyen a la desigualdad. La convocatoria Elas na Moda e Sem Violência (Ellas en la moda y sin violencia) refuerza proyectos que mejoren las condiciones de vida de las mujeres y ayuden a conseguir que la moda sea más justa, transparente y diversa”
dice Kaka Verdade - activista feminista y coordinadora ejecutiva del Fondo Ellas.

Nací en Santana do Livramento, una ciudad fronteriza con Uruguay, en el interior del estado de Rio Grande do Sul. Mis padres se separaron cuando era pequeña y mi madre y yo nos mudamos a casa de mi abuela, en la misma ciudad. Mi abuela era costurera y autodidacta, así que crecí jugando debajo de la máquina de coser; ella me enseñó a enhebrarla. Me gustaba ver cómo medía y cortaba las telas en la mesa de la cocina, yo la miraba e intentaba entender la magia que creaba utilizando las revistas de patrones de aquella época. Gracias a la influencia de mi abuela, también aprendimos a coser mi madre y yo.

A los 16 años empecé a descubrir que era lesbiana y en casa no encontré un ambiente abierto a la diversidad o al diálogo, así que me escapé a vivir a Río de Janeiro. Todos los jóvenes que crecimos en los 90 soñábamos con conocer la ciudad, la veíamos en la tele, allí estaban ambientadas todas las series de la época. Yo estaba atravesando una etapa dura y pensé: “puestos a sufrir, mejor sufrir junto a la playa”.

Pasé por lo que viven muchas niñas y niños cuando descubren que son homosexuales. A las familias les cuesta aceptarlo, acogerlos, y la mía no fue una excepción. Aunque lo cierto es que ni yo misma sabía lo que estaba viviendo, eran cuestiones complejas y yo era muy joven.

Enfrentarme al mundo sola fue un proceso doloroso. De la noche a la mañana tuve que encontrar un trabajo y un lugar dónde dormir. No sabía cómo protegerme de una sociedad extremadamente machista, que no reconocía el valor de mi trabajo, me consideraba un objeto sexual y me trataba con agresividad porque era lesbiana. Al no estar disponible para ellos, los hombres se creían con derecho a invadir mi intimidad.

Trabajé de limpiadora, cajera, en un restaurante en el que ganaba poco y ni siquiera me había dado de alta en la Seguridad Social... El acoso psicológico, sexual y la explotación eran la norma. En 2001, cuando tenía 22 años, me mudé a Brasilia porque me sentía amenazada por un antiguo jefe.

Cansada de tanta injusticia y violencia, quise aprender sobre derechos humanos y laborales para poder defenderme. A través de unas conocidas me enteré de la existencia de un grupo LGBT llamado Estruturação. Empecé a ir a las reuniones y me convertí en voluntaria, ayudando con la limpieza. Poco a poco fui construyendo una red de apoyo, hablando con gente, accediendo a información; allí me sentía segura.

Un día, uno de los activistas del grupo me pidió una idea para un proyecto dirigido a los jóvenes. Me preguntó: “Si pudieras cobrar por hacer algo, ¿qué elegirías?”. Respondí que me gustaría hablar con quien gobierna para saber qué significaba la política, para entender cómo funcionaban las cosas, saber por qué la policía perseguía a los homosexuales. No aceptaba tanta injusticia, me negaba a creer que el mundo fuera tan mezquino. De esa conversación salió un proyecto que fue aprobado por el Ministerio de Sanidad.

Poco a poco fui ganando confianza, sintiéndome empoderada, y en esa época me convertí en ciudadana. Convencida de que podía aportar algo a la sociedad, junto con otras amigas creé un grupo de lesbianas feministas llamado Coturno de Vênus, y seguí actuando.

En 2008, fuimos seleccionadas en una convocatoria dedicada a la diversidad sexual del Fondo Ellas (Fundo Elas), una organización que lleva 20 años apoyando el avance de los derechos de las mujeres en Brasil. El apoyo que prestaron para fortalecer nuestro grupo fue increíble. Un tiempo después me invitaron a formar parte del consejo del Fondo Ellas para ayudar a difundir su existencia entre el movimiento LGBT y a seleccionar propuestas. En 2010, de nuevo en Rio de Janeiro donde vivo actualmente, me convertí en gerente de programas del Fondo Ellas, trabajando con los movimientos sociales y fomentando el diálogo entre organizaciones. Tras cuatro años en esa función, pasé a la coordinación ejecutiva del Fondo, donde sigo hoy día. Me licencié en Gestión Pública e hice un máster y un doctorado en Ciencias Sociales.

Gran parte de mi trabajo consiste en sensibilizar a nuestros aliados y movilizar recursos en Brasil y en el mundo para reforzar proyectos que invierten en la prevención de la violencia contra las mujeres, el desarrollo de la autonomía económica y la promoción de la equidad étnica y racial. Por ejemplo, una de las iniciativas aumenta los conocimientos sobre salud de las jóvenes del estado de Bahía, a través de proyectos ideados por ellas mismas. En otro frente facilitamos el acceso de las niñas al deporte para que puedan desarrollar su potencial colectivo, aprender disciplina y conocer sus propios cuerpos. En otra iniciativa, apoyamos la participación ciudadana de la población LGBT.

Brasil es uno de los países del mundo con un mayor índice de violencia contra la población LGBT. No es justo que alguien agreda a una mujer porque odia a las lesbianas. Ese agresor tampoco es el único con prejuicios. Una familia que expulsa a un hijo homosexual, un colegio que se niega a aceptar la situación de una alumna trans, un Estado que no resuelve los delitos de odio contra homosexuales, bisexuales y trans… todos contribuyen a la naturalización de esa violencia.

El mes pasado colaboramos con Fundación C&A en el I Diálogo Elas na Moda y Sem Violência (Ellas en la moda y sin violencia), que reunió a las mujeres que forman parte de la cadena de la moda: activistas, agricultoras, costureras, emprendedoras y que son víctimas de desigualdades, de explotación; muchas veces trabajan en condiciones pésimas, sin transparencia, y desean una moda más justa, sustentable y diversa. Ese encuentro sirvió de punto de partida para la preparación de la convocatoria Elas na Moda Sem Violência (Ellas en la moda y sin violencia), que se publicará en agosto (fundosocialelas.org/elasnamoda/).

Como medio de supervivencia de muchas mujeres, la moda puede ser símbolo de su lucha por derechos iguales, por la valorización de la mano de obra, por su dignidad, contra la cosificación”

La convocatoria apoyará iniciativas que rompan los estereotipos que contribuyen a la discriminación de la mujer. Cada uno de los 20 proyectos seleccionados por todo el país recibirá 50,000 R$ (alrededor de 250,000 pesos mexicanos). Los proyectos deben estar liderados por mujeres, mejorar sus condiciones de vida, estimular ideas innovadoras y, al mismo tiempo, ayudar a que todo el mundo aporte su granito de arena y consuma de forma consciente.

Mi propósito en esta vida sigue siendo luchar para ver una sociedad cada vez más justa. Y agosto, mes de la visibilidad lésbica, me inspira a afirmar nuestra existencia, a mostrar las dificultades que vivimos y a buscar soluciones. Es una oportunidad para que vivamos un día, un mes, un año o tal vez, quién sabe, una vida entera sin violencia.

“Este texto forma parte de una serie de perfiles publicados en la versión brasileña de la revista Marie Claire Brasil, en asociación con Fundación C&A. La versión original puede leerse aquí


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Río de Janeiro, Brasil