Historias de coraje: la importancia de la libertad de asociación colectiva

Subtítulo: Dos mujeres que superaron graves dificultades para animar a otras trabajadoras a tener coraje y seguir adelante

La libertad de asociación es un derecho universalmente reconocido y reiteradamente plasmado en las políticas corporativas de todas las grandes marcas de ropa. Entonces, ¿basta con que los trabajadores se asocien y negocien un acuerdo colectivo para lograr mejores condiciones laborales? No es tan sencillo como parece. Prueba de ello es el caso de estas dos mujeres, que fueron gravemente golpeadas el pasado abril por intentarlo.

Thayamma, de 35 años, estuvo los seis últimos años trabajando en el sector de la confección de ropa. En 2016 se afilió a la Unión de Trabajadores Textiles de Karnataka (KOOGU, por sus siglas en inglés), donde actualmente desarrolla su labor como secretaria conjunta. El sindicato es su familia. El pasado abril, una simple firma hizo que acabara en el quirófano.

El día 3 de abril de 2018, Thayamma siguió su rutina habitual para llegar al trabajo, salvo por una breve pausa para firmar una petición reclamando agua potable, un mejor transporte y un modesto aumento de salario. Unas horas más tarde, un grupo de mánagers y compañeros de trabajo la llevó a un lugar apartado y la golpeó brutalmente. Hubo que llevarla urgentemente a recibir atención médica y fue operada en quirófano. Sus agresores querían que testificara en falso contra el sindicato, diciendo que este se encontraba recaudando dinero de los trabajadores y que pretendía cerrar la maquila. Mientras estaba siendo estrangulada, Thayamma sintió que llegaba su última hora. Declaró: “Aquel día creí que iba a morir, pero le dije muy claro aI sindicato que mi muerte no sería en vano y que la lucha debía continuar”. Thayanmma logró recuperarse con la ayuda del equipo médico y del sindicato. La negociación del modesto aumento de salario sigue en curso, pero ya se aceptó el acceso al agua potable y un sistema más justo de compensación por reclamos.

“Antes no tenía coraje para hablar, solo sabía llorar. Pero ahora, después de recibir formación continua y de asistir a varias reuniones, y gracias al apoyo del sindicato, puedo valerme por mí misma. Y no solo eso: ahora soy lo bastante fuerte para prestar ayuda a otras compañeras y combatir las injusticias”, añade.

Los bajos salarios y las malas condiciones laborales de los talleres de confección de ropa no son ningún secreto. Y las mujeres conforman la mayoría de la mano de obra que trabaja en estas maquilas. Pese a que las leyes de la India reconocen la libertad de asociación, los intentos de llevarla a la práctica afrontan a menudo resistencias. Estas mujeres se ven con frecuencia atrapadas en un círculo de opresión, tanto en el trabajo como en casa, que sindicatos como KOOGU ayudan a romper.

En el caso de Deepa Shree, de 32 años, el abuso era constante y el miedo la mantenía en silencio. Activistas del sindicato la identificaron como víctima de violencia doméstica y la asesoraron para que iniciara acciones legales contra su esposo. Pero los abusos se intensificaron en el trabajo. El ataque que sufrió el pasado abril no fue la primera ocasión en la que estuvo en la mira de sus supervisores por su afiliación al sindicato. “Antes, cuando sufría tocamientos inapropiados por parte de un supervisor, no hacía nada por miedo,” recuerda. “Ahora sé cómo parar estas situaciones, aquí y ya. Ahora sé que, si estoy aquí sentada vestida con mis jeans y mi playera, asistiendo al comité sindical, es gracias a KOOGU. Soy una persona totalmente distinta de la que era antes. Y este cambio hizo que se me respete más en el trabajo. Ahora incluso me alzo en defensa de otros trabajadores y animo a mis compañeros a enviar reclamos por escrito al departamento de recursos humanos”.

Thayamma y Deepa sienten que “formar parte del colectivo es el único modo de ganarse el respeto del que hoy gozamos en el trabajo y en casa.” Estas dos mujeres están comprometidas a impedir que otras compañeras pasen lo que ellas vivieron. Los sindicatos han sido una fuerza transformadora activa capaz de dar a los trabajadores lo que más necesitan: una voz colectiva.


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