De la mano para una mejor industria de la moda

Ayudar a las costureras a crear una marca, a transformar su trabajo en un negocio y capacitarlas con conocimientos para que tengan más autonomía en sus vidas es una experiencia poderosa”
- Eliana Cristina da Consolação, 42 años, analista comercial y voluntaria de Fundación C&A

Nací en São Paulo, soyla menor de cuatro hermanos. Me crié con libertad, con la educación y el carácter como valores protagonistas. Tuve una madre muy presente, era una persona acogedora y mi casa siempre estaba llena de gente. Mi madre era peluquera y también trabajó como jornalera. Soy hija de madre negra y padre blanco, aunque con él apenas tuve contacto. Antes de los 12 años me costó entender que era negra, porque mi madre y mi abuela crecieron a imagen y semejanza de los blancos. Siempre me alisé el pelo, tardé en dejármelo natural. Solo cuando cumplí 13 años, cuando me mudé a otro barrio e hice nuevos amigos, conocí el movimiento negro, a Malcom X. Allí lo descubrí:“los negros existen de verdad”. Antes nadie me lo había enseñado.

Entré en contacto con el mundo de la moda gracias a una de mis hermanas, que trabajaba como costurera y siempre me traía ropa. Yo iba siempre muy bien vestida. A los 18 años conseguí mi primer trabajo, en una empresa de moda masculina. Empecé como ayudante de envíos, contando camisetas y organizando cajas y, cinco meses después, me ascendieron al área comercial, donde trabajé durante 12 años. A los 31 entré en la facultad de administración y, al mismo tiempo, hice cursos de historia y producción de moda. Quería entender mejor el universo en el que trabajaba. Cuando dejé esa primera empresa, pasé a una oficina de representación de marcas, donde estuve de 2011 a 2013, hasta que me llamaron para un contrato temporal de seis meses en C&A como analista comercial. Al terminar ese contrato estuve casi un año desempleada antes de entrar en una empresa del sector alimentario. Sin embargo, aquel mundo no tenía nada que ver conmigo. Yo siempre estoy cambiando de aspecto, soy camaleónica: a veces llegaba con la cabeza rapada, me teñía el pelo de rubio, defendí mucho el blackpower. A mucha gente le sorprendía.

Regresar a C&A, una buena decisión

En 2017 me llamaron para volver a C&A y fue de lo mejor que me ha pasado. A la empresa le preocupa mucho la diversidad, presta atención a las mujeres, los negros, los inmigrantes y el público LGBTQ+, algo fundamental para mí. No sé si hoy, en 2019, conseguiría trabajar en un lugar desvinculado de esos temas. Creo que la diversidad y la visibilidad son imprescindibles. Tengo una hija de 16 años, Marcela, a la que intento inculcar esos principios.

Al volver a C&A conocí Fundación C&A e inmediatamente me interesé por el Programa de Voluntariado. En él, los interesados se inscriben para participar en acciones y proyectos llevados a cabo con instituciones aliadas que actúan en el sector de la moda para aumentar la capacitación, la autonomía y fortalecer las comunidades para que puedan generar sus propios ingresos. Por ejemplo, en el Festival Moda para el Bien organizamos una feria en la que organizaciones sociales que utilizan la moda como fuerza para el bien exponen su trabajo. Los voluntarios ayudan tanto en el montaje de los puestos como en la promoción de las ventas. En otra acción apoyamos una reforma en Ateliê Trans Sol, un taller de corte y confección del Colectivo Trans Sol, para mejorar las condiciones de trabajo de los beneficiarios. En Intercambio Comunitario ayudamos a mejorar los proyectos de las comunidades; mejorando, entre otros, la estructura del trabajo, la capacitación, el desarrollo del negocio. Un ejemplo son las mujeres tejedoras de Vale do Jequitinhonha, en el estado de Minas Gerais, que han inaugurado un galpón.

Treinta mujeres y un negocio

Para mí, la acción más significativa fue la que realizamos en la Asociación de Mujeres de Paraisópolis. Las costureras fabricaban bolsos a partir de retales y, durante los encuentros, las apoyamos en la creación de una marca y así pudieron transformar su actividad en un negocio. Fuimos con un equipo de diseñadores, que aportó el conocimiento técnico para orientarlas en la investigación, los tejidos, el número de bolsos que tendrían que fabricar para lanzar la marca. Al hablar con cada una de las 30 mujeres, vi que el sueño de casi todas era tener su propio negocio, emprender. Las propias mujeres hicieron de modelos, desfilaron con los bolsos que habían fabricado. Los encuentros fueron muy enriquecedores para mí. Ver a aquellas mujeres cumplir sus sueños y aprender más sobre su oficio fue estupendo. Quise llevarles libertad y esperanza, decir a cada una de ellas “tú puedes”. Quería que ese sentimiento resonase en sus vidas. Fue una acción pequeña, pero de algún modo llegamos a ellas, plantamos una semilla. Recibí mucha gratitud y me sentí privilegiada por estar allí. Esa experiencia me dio fuerza y un contexto para seguir enfrentándome a mis propios obstáculos.”

Quise llevarles libertad y esperanza, decir a cada una de ellas “tú puedes”. Quería que ese sentimiento resonase en sus vidas.”
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Este texto forma parte de una serie de perfiles publicados en la revista Marie Claire Brasil, en asociación con Fundación C&A. Haga clic aquí para leer la versión original.


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