Apoyándose unas a otras

Las mujeres son mayoría en la mano de obra de la industria de la moda. Es importante que tengan voz para ejercer sus derechos. Me enorgullece poder luchar para mejorar las condiciones de trabajo y acabar con la violencia de género en la fábrica en la que trabajo”, dice la líder Salma Khatun, de Bangladesh.”
- Salma Khatun, de Bangladesh.

Mi infancia fue muy sencilla. Nací en el municipio de Jessore, en Bangladesh. Mi padre era comerciante y mi madre ama de casa. Yo la ayudaba con las tareas domésticas y jugaba en la calle con mis amigos y mi hermano menor. Cuando era niña soñaba con ser médica para ayudar a los demás. Mis padres se preocuparon mucho por transmitirme los valores que consideraban importantes en la vida, siempre decían que me convertiría en una persona de provecho gracias al estudio. Pedían que no fuera ambiciosa, que respetase a los mayores y fuera amable con los más jóvenes. Por último, creían que debía ayudar a los demás en la medida de mis posibilidades, hacer lo que estuviera a mi alcance.

Fueron mis padres los que eligieron al hombre con el que me casé. Ocurrió hace ocho años, cuando tenía 18. Sin embargo, en aquella época mi marido no quiso hacerse cargo de mis estudios y su actitud provocó una situación horrible entre nosotros. Al mismo tiempo, descubrí que mantenía una relación extraconyugal con otra mujer y decidí pedir el divorcio. No obstante, la separación creó un ambiente incómodo en la aldea en la que vivíamos. La gente empezó a juzgarme, decían cosas desagradables sobre mí, y decidí marcharme. Me mudé a Daca, la capital de Bangladesh, y conseguí trabajo como costurera en una fábrica de ropa. Allí di los primeros pasos para cambiar de vida.

Al principio era una trabajadora como cualquier otra, pero me invitaron a participar en talleres sobre derechos laborales en el Bangladesh Center for Workers’ Solidarity (BCWS), una organización aliada de Fundación C&A, que lucha por la justicia de género y los derechos humanos. Gracias a la formación que recibí pude unirme al Workers Participation Committee, el comité de trabajadoras y trabajadores de la fábrica, donde me di cuenta de que actuando conjuntamente sería posible cambiar las reglas impuestas.

Mi lucha empezó cuando, un día, un hombre de la fábrica me agredió verbalmente. Reclamé a mi superior, que no hizo nada en relación con el incidente. En ese momento, empecé a reivindicar mejores condiciones de trabajo y a mostrar a las demás mujeres que ellas también podían defenderse por su cuenta y tomar las medidas necesarias para que situaciones de ese tipo no volvieran a darse nunca más.

También había mucha presión en el día a día de la fábrica, se nos explotaba. En las reuniones del comité, yo debatía cada vez más sobre derechos laborales y los aspectos necesarios para mejorar nuestro entorno. Así conseguí que muchas mujeres se incorporaran al movimiento y me fui convirtiendo en líder. Ganamos fuerza para luchar contra la represión de forma sistemática y empezó a tener lugar una transformación. Antes, por ejemplo, cuando necesitábamos faltar al trabajo para ir al médico, no cobrábamos por ese día, se nos descontaba del sueldo. Sin embargo, ahora hemos conquistado el derecho a que se nos remuneren las ausencias por motivos médicos.

Nunca imaginé que sería capaz de promover un cambio como ese en mi lugar de trabajo. La mano de obra del sector textil es poco cualificada, los trabajadores no tienen estudios. Por eso insistí en liderar ese movimiento, era importante que alguien guiara a esas mujeres. Servirles de inspiración es para mí un orgullo inmenso. Hoy, mi sueño es garantizar un salario digno para las trabajadoras de la fábrica y para todas las demás trabajadoras del sector. Deseo ver la fábrica libre de violencia de género. Las mujeres son mayoría en la industria de la moda, y es muy importante que tengan voz para reivindicar sus derechos. Espero que las mujeres de la próxima generación sigan luchando.

 

Es muy importante que tengan voz para reivindicar sus derechos. Espero que las mujeres de la próxima generación sigan luchando.”
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Desarrollar habilidades, convertirme en un referente en el trabajo y ayudar a mejorar la vida de otras mujeres ha transformado mi vida personal, la vida de mi familia y de las personas que me rodean. Tengo 26 años y vivo con dignidad, sabiendo que estoy contribuyendo a cambiar las cosas. Igual que en el pasado soñé con ser médica, me gustaría ver cómo mi hijo Tamim Mahmud, de 9 años, se licencia en Medicina. Soy madre soltera y pienso mucho en su futuro porque quiero servirle de ejemplo. Le transmitiré todos los valores y enseñanzas que recibí de mis padres y sé que él respetará a las trabajadoras y las ayudará como pueda.

Este texto forma parte de una serie de perfiles publicados en la versión brasileña de la revista Marie Claire Brasil, en asociación con Fundación C&A. 


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