Una moda no tan rápida ¿pueden los modelos de negocio circulares bajar el ritmo?

Por Sam Gillick-Daniels

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El complejo contexto de la moda rápida

Necesitamos ponerle freno a los desmedidos impactos medioambientales y sociales de la moda. Tanto la sociedad como el medio ambiente están pagando un precio demasiado alto por nuestra insaciable ansia por consumir ropa.

Todos conocemos los costos ocultos de la industria de la moda, que da empleo a entre 25 y 60 millones de personas solamente en la producción de prendas[1], en muchos casos en trabajos de escasa retribución y con malas condiciones laborales. Las 40 bañeras llenas de agua necesarias para fabricar 1 kilogramo de algodón (lo que pesa una camisa y un par de jeans para hombre) son también un dato bien conocido por muchos[2].

La “Moda rápida”; es decir, la producción y el consumo de ropa a un ritmo que rebasa crecidamente el número de prendas de vestir en uso, está exacerbando el efecto de estos impactos. Y, lamentablemente, los más afectados por esta situación viven precisamente en las partes del mundo menos preparadas para sufrir los efectos del impacto social y medioambiental que la moda rápida produce.

Pero también hay un lado positivo: se están tomando medidas para mitigar el impacto de la industria, conducidas por grupos como Global Fashion Agenda, Sustainable Apparel Coalition, Fashion for Good, Ellen MacArthur Foundation y el Sustainable Clothing Action Plan (SCAP), el acuerdo voluntario dirigido por WRAP. Sin embargo, estos avances están siendo superados globalmente por los impactos sociales y medioambientales negativos de la industria[3] y los mecanismos internacionales para el cambio carecen de rendición pública de cuentas y de apoyos gubernamentales en forma de compras.

Pero, en cualquier caso, creo que el cambio a una nueva economía circular y sustentable en el sector textil puede ser eI modo de avanzar en nuestro camino.

Deseo público de cambio

A pesar de la aceleración que supone la moda rápida, los compradores están ya preparados para aceptar novedades en la industria de la moda. Los modelos de negocio orientados a prolongar al máximo la vida de las prendas son cada vez más atractivos.

Un nuevo estudio realizado por WRAP y WRI para el programa Bridging the Gap de Fundación C&A muestra una considerable demanda de nuevos modelos de negocio en los Estados Unidos, el Reino Unido y la India. Seis de cada 10 compradores habituales en los Estados Unidos afirman estar dispuestos a probar un servicio de compra de ropa mediante subscripción. 90% de ciudadanos indios con destrezas tecnológicas que gastan más de 115 EUR por mes en ropa expresan su interés en contratar servicios de reparación. Y más de la mitad de los compradores habituales en el Reino Unido muestran su disposición a probar una serie de prendas de segunda mano de alguna de sus marcas favoritas.

Un futuro visionario

Ya hay ejemplos de gente dispuesta a cambiar las cosas en el sector de la moda. En la moda de gama alta, Rent the Runway ofrece a los consumidores estadounidenses acceso a ropa de diseño a precios asequibles, a la vez que promueve la reutilización de prendas mediante arriendo.

Cada vez son más los establecimientos y las marcas de primera línea que están dando el salto. Urban Outfitters va a lanzar un modelo de compra mediante suscripción para sus clientes estadounidenses, y American Eagle ya ha puesto uno en marcha. Marcas dispuestas al cambio, como Disrupters Flyrobe en la India y Y-Closet en China buscan modelos alejados de la economía lineal establecida.

Desgraciadamente, estos ejemplos son todavía excepciones al modelo común de negocio lineal (fabricar, usar, tirar) que prevalece en la industria.

Una nota de alerta

Estas bases para crear “una nueva moda en la moda” son alentadoras, pero necesitamos asegurar que los avances vayan más rápido, sin que la moda deje de ser una fuerza para el bien.

Los nuevos modelos de negocio en el sector de la confección de ropa pueden tener también consecuencias negativas no deseadas. Ocurre, por ejemplo, con los modelos que utilizan procesos de limpieza más intensos y más transporte, y que favorecen consumos adicionales, como rentar muchas más prendas que las que se compran. Estos modelos acaban por exacerbar los efectos de la moda rápida a los que nos estamos refiriendo.

Un llamado a la acción

El primer paso es la ambición global. Tenemos que unirnos en torno a una visión global que abarque el conjunto de la cadena de suministro. Ya existen varias visiones de esta clase, pero falta llevarlas a la práctica.

Necesitamos marcos para la acción que estimulen y apoyen a las empresas del sector en la toma de medidas concretas y transparentes hacia objetivos medibles. Estos marcos deben funcionar a escala nacional y regional, teniendo en cuenta los contextos políticos y de consumo locales.

El plan SCAP está abriendo camino en este tipo de enfoques. Sus signatarios han generado mejores resultados que el resto de la industria, reduciendo las emisiones de carbono por tonelada de ropa en 11,9% en cinco años. Adaptar y reproducir esta clase de marco en todo el mundo es nuestra meta.

Unámonos, pues, en torno a esta meta para convertir a los modelos de negocio circulares en un clásico atemporal. Es un llamado a todas las empresas, los gobiernos y los financiadores del sector: ayúdennos a alcanzar nuestra meta. Contáctanos para saber más.

 

[1]Fixing Fashion: Clothing Consumption and Sustainability - Environmental Audit Committee,” consultado el 4 de junio de 2019, https://publications.parliament.uk/pa/cm201719/cmselect/cmenvaud/1952/full-report.html#heading-6.

[2] 10 000 – 20 000 litros; el consumo promedio global de agua para producir 1kg de algodón, dependiendo del lugar de cultivo. WRAP, “Valuing Our Clothes: The Cost of UK Fashion” (Banbury: WRAP, julio de 2017), http://www.wrap.org.uk/sites/files/wrap/valuing-our-clothes-the-cost-of-uk-fashion_WRAP.pdf.

[3]Pulse 2019,” consultado el 4 de junio de 2019, https://www.globalfashionagenda.com/pulse-2019-update/.