¿Está el trabajo infantil pasado de moda? Descúbrelo conociendo a la familia de Arshi

Por Nina Smith

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El lado oculto de la cadena de suministro

Este pasado marzo conocí a Arshi, de 12 años de edad, delante de su pequeña casa; donde sus padres, Jousef y Parveen, extendían un gran trozo de tela sobre un bastidor. Sobre la tela se veía dibujada la silueta de las mangas y el cuerpo de una chamarra que más tarde será cortada y ensamblada. Jousef y Parveen cosían lentejuelas dentro del contorno de una estrella que ocupaba la parte trasera de la chamarra. Destinada para un fabricante europeo, la prenda brillaba bajo el cielo azul.

 Este trabajo de ornamentación es la única fuente de ingresos de Jousef y Parveen. Saben que son pobres, como siempre lo fueron. Pero no tienen idea de lo escaso de su salario en comparación con el de los trabajadores de las fábricas, ni de que sus habilidades añaden buena parte de su valor a bienes que se venden por medio mundo. No puedo dejar de pensar que, sin la gran estrella plateada, la chamarra sería una prenda común y corriente.

Esta es la cara oculta de la cadena de suministro. La aldea próxima a Sikandrabad en la que viven Arshi y su familia se ubica dentro de una franja de terreno de 200 kilómetros que se extiende desde el área metropolitana de Delhi hasta Lucknow, en el estado de Uttar Pradesh. Las decenas de miles de trabajadores a domicilio especializados en labores de bordado y ornamentación que viven allí son sistemáticamente explotados para producir bienes para el mercado global, trabajando en la oscuridad y azotados por la pobreza. Sus hijos trabajan con ellos en vez de asistir a la escuela.

 

El periplo de la chamarra con la estrella bordada.

Es muy probable que la marca que acabará vendiendo la chamarra embellecida por la familia de Arshi sepa muy poco los detalles de la compleja red multinivel de producción que forman los talleres en los que se fabrican sus encargos. La marca se relaciona con un solo proveedor, y es en las fábricas de éste en las que realiza sus controles sobre trabajo infantil y sobre el respeto a los derechos laborales.

Hablando con la familia de Arshi aprendí que el comprador occidental hacía sus pedidos a su proveedor “del nivel 1” en Jaipur (Rajastán, India), a unos 360 kilómetros de la aldea de Arshi.  Allá se inicia el recorrido de la chamarra: primero, el subcontratista de Jaipur remite el encargo de ornamentación más allá de las fronteras del estado, a pequeñas fábricas textiles y a “centros especializados” (DCs, por sus siglas en inglés) de Sikandrabad. Uno de estos centros subcontrata una parte del encargo a Jousef, que vive a una distancia de 10 kilómetros. Jousef, a su vez, guarda para sí una parte del trabajo de ornamentación y subcontrata el resto a 20 mujeres de su aldea que trabajan en sus propias casas. Por último, la misma cadena se revierte y devuelve las prendas ya ornamentadas a Jaipur para su costura y acabado.  

Los centros especializados reciben 600 rupias (unos 8 dólares USA) por cada chamarra. Pero los trabajadores a domicilio que realizaron la mayor parte de la producción ganan entre 250 y 300 rupias (unos 4 dólares) por chamarra.  

 Es importante dar a conocer esta travesía, puesto que es aquí, en los rincones ocultos de la cadena de suministro, donde se desarrolla la mayor parte del trabajo infantil y otras formas de explotación económica. Fuera de los muros de las fábricas, lejos de la vista y de las buenas intenciones de las marcas.  

 

Una solución basada en el mercado garantiza que Arshi vaya a la escuela, y no a trabajar.

 La parte buena de la historia es que la industria de la moda está comenzando a darse cuenta de esta realidad. Hace apenas tres años, Arshi trabajaba con sus padres. Ni ella ni su hermano o su hermana asistían a la escuela. Esta situación cambió gracias a que una marca internacional se unió a GoodWeave y pidió a sus proveedores permiso para realizar un mapeo integral de la cadena de suministro, llegando hasta las comunidades de trabajadores a domicilio. Ya dentro de cada comunidad, Goodweave se asegura de poner remedio a todos los casos de trabajo infantil en la cadena de suministro de esa marca en concreto y de otras, y ayuda a que cada niño asista a la escuela y aproveche su aprendizaje. Realizamos esta labor a través del programa de alto impacto Child Friendly Community, que hemos puesto en marcha con la mayor dedicación, y que es el que, en último término, nos ha traído hasta la puerta de Arshi.

 Hoy en día, las fábricas que proveen a esa marca hacen públicas sus subcontrataciones, y cada centro de producción está obligado a colaborar y someterse a inspecciones aleatorias y sin previo aviso. Así, todos los trabajadores pasan a ser una parte visible de una cadena de suministro redefinida y se protege a Arshi y a los demás niños del trabajo infantil, asegurando su acceso a la educación.

 En esto consiste la transparencia de la cadena de suministro. Mejor dicho, este enfoque va más allá de la transparencia de la cadena de suministro: es lo que puede lograrse cuando las marcas se muestran dispuestas a aliarse con organizaciones como GoodWeave, cercanas a las comunidades y que trabajan en las zonas oscuras de las cadenas de suministro para enfrentar las causas últimas del trabajo infantil.

 
Las cadenas de suministro modernas no son lugar para niños.

 
El día en que la conocí, Arshi me llevó a visitar su colegio. Sus profesores la describen como una buena estudiante.  Desde que GoodWeave puso en marcha el programa Child Friendly Community en su aldea se han introducido importantes mejoras en el currículo escolar, en la capacidad de enseñanza y en las infraestructuras. Nuestros facilitadores comunitarios trabajan con las familias para superar los obstáculos que impiden la escolarización de sus hijos. Gracias a ello, el trabajo infantil ha disminuido a la vez que las inscripciones escolares se han doblado sobradamente. GoodWeave ha provocado transformaciones similares en otras cuatro comunidades de trabajadores a domicilio del sector de la confección próximas a la aldea de Arshi, que ofrecen a la industria de la moda recursos inmediatos, con valor añadido y ajenos al trabajo infantil. Estamos transformando los valores y las percepciones sociales en favor de la educación, especialmente para las niñas.

Pero afrontemos los hechos: sigue habiendo otros niños como Arshi que trabajan duramente en cadenas de suministro. Según un reciente estudio de la Universidad de California - Berkeley, el trabajo infantil es una lacra que salpica a casi un 20% de la producción casera de ropa en la India, la mayor parte de la cual se destina a la exportación. Se trata de un problema sistémico del que ninguna marca está libre, aunque disponga del poder para cambiar la situación. Trabajando a conciencia para alcanzar la plena transparencia en las cadenas de suministro e introduciendo mejoras inaplazables para todos los trabajadores y para la infancia -en vez de “reducir riesgos” en las cadenas de suministro específicas de cada empresa – podremos erradicar el trabajo infantil de la industria de la confección de ropa. Para siempre.

Únete a nosotros en #changethepattern y cambiemos las pautas para los 152 millones de niños forzados a trabajar en todo el mundo.