Transparencia: más que una consigna, una acción definitiva para transformar el mundo

Por Mariana Xavier

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La industria de la moda tiene un pasado problemático respecto a la transparencia. Conocida por tener una cadena de producción muy compleja, fragmentada y difícil de rastrear, su modelo de negocio permite poca visibilidad de las condiciones en las que se produce la ropa, dando pie a casos de trabajo precario. Desde el famoso incendio de 1911 en la fábrica de Triangle Shirtwaist en Nueva York, en el que fallecieron más de 140 trabajadoras y trabajadores (la mayoría mujeres, lo que impulsó la lucha por los derechos feministas), hasta los actuales modelos descentralizados y muy complejos que dificultan responsabilizar a las marcas, la industria acumula multitud de episodios negativos.

Recientemente, algunas iniciativas muy contundentes han comenzado a marcar un cambio de rumbo y a ganar fuerza. Una de las principales fue la creación del movimiento Fashion Revolution en 2013, que surge como respuesta al derrumbe de una fábrica textil en Savar, Bangladesh, que mató a más de mil trabajadores. El movimiento incita a la reflexión sobre los costes y el impacto de la moda en el medio ambiente y la sociedad, promoviendo debates sobre sustentabilidad a través de la organización de eventos y talleres en todo el mundo.

Transparencia: una influencia fundamental

Fashion Revolution considera que la transparencia es un factor clave para que las marcas sean cada vez más sustentables. El movimiento creó en 2016 el Índice de Transparencia de la Moda, estableciendo parámetros técnicos para evaluar la cantidad de información que las grandes marcas facilitan al público sobre sus prácticas. El índice se elabora anualmente, lo que permite hacer comparaciones y mostrar mejoras en los niveles de transparencia de cada una de las marcas evaluadas. El resultado del informe global de 2018, que reveló mejoras en torno al 10% en las puntuaciones de 16 empresas, demuestra la eficacia de la encuesta, que anima a las marcas a ser cada vez más transparentes y rendir cuentas a la sociedad en relación a sus prácticas y los impactos sociales y medioambientales de lo que producen.

La necesidad de transparencia y mayor disponibilidad de la información, un requisito básico para el gobierno, ha dado paso en los últimos años a la demanda de cambios significativos de paradigma en el comportamiento de las instituciones privadas. Si antes la preocupación por la cadena de producción estaba limitada a grupos activistas de escasa repercusión, hoy ha ampliado su alcance y sensibilizado al consumidor final, que a menudo exige a las empresas más claridad respecto a su responsabilidad social, ambiental y laboral. Muchos de ellos comienzan a utilizar estos criterios para decidir qué productos introducirán o no en sus bolsas de compra.

Ante esta situación, las empresas empiezan a buscar iniciativas que aporten transparencia a sus actividades. Vale la pena mencionar el trabajo en Brasil de Abvtex (Asociación Brasileña de Minoristas Textiles). A través de un Programa de Certificación de Proveedores, la entidad trata de prevenir cualquier tipo de trabajo precario en las cadenas de producción de sus aliados. Recientemente, Abvtex ha comenzado a publicar la lista de todos los proveedores certificados, que se actualiza a diario y está disponible en el sitio web de la asociación.

Impulsando un cambio en muchos niveles

A nivel global, el Registro de Prendas abierto (Open Apparel Registry) es una plataforma lanzada a principios de 2019, que permite geolocalizar las fábricas y a sus respectivos proveedores en todo el mundo, sobre un mapa interactivo. La plataforma parte de información que las marcas ya han hecho pública, pero al ser una iniciativa de código abierto, también permite que cualquier usuario añada más datos. La exigencia de unos estándares mínimos de transparencia también es la premisa de Transparency Pledge, liderada por Human Rights Watch, que hace campañas para que las principales marcas adquieran el compromiso de publicar datos sobre todas las fábricas que integran sus cadenas de producción, de forma estandarizada y, por lo tanto, comparable. Este compromiso se materializa cumpliendo una serie de criterios, como garantizar un acceso fácil y claro a la información disponible sobre los productos y registrar el porcentaje de participación de todos los proveedores en el montante final de producción. La información debe ser actualizada constantemente, de manera que se fomente una sucesión continua y positiva de cambios.

Sin embargo, a pesar de los numerosos ejemplos positivos de mayor transparencia, hay algunos escollos que aún no se han superado por completo. Los principales obstáculos ante cualquier iniciativa tienen que ver, sobre todo, con el idioma y el acceso a la información facilitada. Muchas veces los datos se publican sin un plan que establezca un público objetivo o pronósticos de los efectos que causarán tanto en los líderes de opinión como en aquellos a quienes se responsabiliza. También hay que adoptar otras precauciones, como definir criterios consistentes de medida, garantizar la periodicidad de las divulgaciones y, en especial, ofrecer información que permita construir acciones reales de transformación.

El concepto de transparencia y las acciones para promoverla parten de supuestos mucho más complejos que las estrategias puntuales de comunicación. Para obtener resultados satisfactorios, es preciso adoptar medidas que favorezcan, de verdad, transformaciones estructurales y de comportamiento, poniendo la información relevante en manos de actores capaces de presionar en favor de este cambio a quienes toman las decisiones.

El camino es difícil en cualquier sector de producción a gran escala y no solo en la industria de la moda. Se trata de un proceso continuo, en el que el pilar básico consiste en impulsar un cambio cultural tan importante que las corporaciones vean sus actividades de manera más integral. Esto requiere diversos cambios, incluso en el diseño de los planes de negocios, que deben presentar la transparencia no como un apéndice, sino como el hilo conductor de toda la estrategia. La responsabilidad de quienes toman las decisiones ante los diferentes públicos es clave para que el sector productivo esté verdaderamente alineado con los intereses de sus consumidores, garantizando unas condiciones de trabajo decentes para los millones de trabajadoras y trabajadores que integran esta cadena productiva, e iniciando así una transformación sólida en la economía global.

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* La foto del artículo fue tomada en el lanzamiento del Fashion Index Brasil 2018.