La tecnología de “pensar hacia atrás”

Por Orsola de Castro

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La industria textil siempre estuvo a la vanguardia de la innovación. Al ser una industria que confecciona tejidos tanto para el hogar como para el ejército y la industria pesada, tenemos la tendencia de asociarla al trabajo de las mujeres que trabajan en lindos estampados, pero el vínculo entre los tejidos y la innovación es tan antiguo como la propia idea de innovación.

El ingenioso desarrollo de los telares, la capacidad para identificar los complicados compuestos químicos naturales necesarios para fijar los tintes y, por supuesto, el rol que la industria textil desempeñó en la revolución industrial, son principios rectores de un sector que siempre ha pensado hacia el futuro.

De hecho, los productos textiles están íntimamente asociados a la tecnología, hasta el punto de que un Jacquard (un sencillo sistema aplicado a telares mecánicos para simplificar y mecanizar la producción de complicados tejidos multicapa) podría considerarse un precursor de las computadoras, un hecho que no ha pasado desapercibido para Google, que recientemente anunció que su primera plataforma digital dedicada a la ropa inteligente llevará ese nombre.

Hoy en día, la industria textil y de la moda alcanza dimensiones inimaginables, existiendo una clara desconexión entre nuestros actuales hábitos de compra y la cultura de riqueza y variedad de texturas que inspiró estos hábitos. Como apunta Kassia Sinclair en su espléndido libro The Golden Thread: How Fabric Changed History, “Nuestros antepasados considerarían inaceptable la actitud desdeñosa que hoy mostramos hacia los tejidos”.

Si la moda tiene que seguir siendo una fuerza que nos guíe hacia el futuro, es preciso, antes que nada, que nos saque del embrollo causado por su propio crecimiento.

Son muchas las personas (entre las que me incluyo) intimidadas por los modernos avances tecnológicos. Pero si aplicamos a la tecnología un enfoque de “pensar hacia atrás” como forma de rediseñar nuestros conocimientos actuales, podemos imaginar cómo la tecnología puede reconectarnos a nuestra cultura, en vez de alienarnos con respecto a ella. De este modo, la tecnología se convierte en una puerta hacia nuestro pasado en vez de hacia nuestro futuro.

Habilidades antiguas y sabiduría elemental

En Fashion Revolution constantemente pensamos hacia atrás para poder movernos hacia adelante. Desde el mismo comienzo de nuestra campaña combinamos el sentido común con la tecnología; comunicándonos a través de hashtags, alentamos a nuestra audiencia a hablar de cosas como la responsabilidad en la cadena de suministro, el respeto a las personas que fabrican nuestra ropa, la duración de las prendas de vestir y el fin de su vida útil. Y los más de 3 millones de personas que hicieron uso de esos hashtags demuestran que este lenguaje sencillo produce resonancias.

En general, internet y las redes sociales han servido de catalizador a artesanos y fabricantes de todo el mundo, al crear oportunidades para aprender, exponer, vender y conectar. En este mismo instante se desarrollan millones de conversaciones online sobre fibras, costura, ganchillo y calceta, encaje y corte de patrones. Disponemos de un acceso a la información y a la técnica mucho mayor que en el pasado, cuando el conocimiento se transmitía de persona a persona. La innovación y la tecnología nos están ayudando a ser más eficientes también con las cosas que ya poseemos. Los tradicionales ‘arreglos’ de ropa están, definitivamente, viviendo un momento álgido, ya que el concepto de “arreglo” incluye también prestar, intercambiar y compartir a través de plataformas y servicios pensados para mantener la ropa en uso. 

Los remendadores y fabricantes de hoy en día son héroes modernos de un sector que produce cerca de 150.000 millones de prendas de vestir al año; defensores y practicantes de la reducción de la producción que utilizan agujas y YouTube como armas. Las habilidades antiguas y la sabiduría elemental se catapultan hacia el futuro impulsadas por aplicaciones y redes.

Tecnología transparente

Hasta hace unas pocas generaciones era habitual conocer la procedencia de la tela cuando se compraba una prenda de ropa, y también a menudo había pocas dudas sobre quién la había tejido.  No solamente porque la industria estaba más próxima al hogar, sino también porque el artesano y la hechura determinaban la calidad y el prestigio de la prenda de vestir.

Es innegable que en aquellos tiempos las cadenas de suministro no eran mejores, y que no existía ningún edén industrial en el que los artesanos fueran felices y todos los trabajadores recibiesen una remuneración justa.  Pero al haber pasado de unas condiciones laborales de abierta explotación a unas condiciones de trabajo de explotación oculta (añadiendo, además, a las injusticias sociales la amenaza medioambiental), hoy necesitamos alcanzar plena visibilidad para poder iniciar un proceso de cambio del sistema.

Aunque la transparencia y la divulgación pública no garantizan mejores prácticas, sí permiten a los ciudadanos recuperar su derecho a examinar qué y quiénes están detrás de los productos. Si bien la mayoría de los consumidores no buscan esta información y pocos verifican que sea cierta, algunos lo hacen, y muchos más lo harán en el futuro. Porque el simple acto de preocuparse por el producto y la urgencia de estar mejor informados para poder actuar de algún modo, multiplicado por miles de veces, es suficiente para encarar a la industria y decirle: te estamos vigilando.

Esperemos que, a medida que nos internamos en el futuro, no olvidemos que tenemos que seguir siendo profundamente humanos por mucho que nos alejemos de los comportamientos humanos, y que utilicemos la tecnología y la innovación para pasar de una cultura de explotación a una cultura de apreciación, mejorando nuestros valores a la vez que nuestros sistemas de producción.

Fashion Revolution 2019 se desarrolla del 22 al 28 de abril en todo el mundo.