Haciendo de la moda una fuerza para el bien

Por Leslie Johnston

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La semana pasada, aprovechando la visita a nuestro aliado GoodWeave en India, viajé a Panipat, una ciudad con un millón de almas. Sorprendentemente, Panipat es el destino de muchas de las prendas de vestir que nosotros desechamos. Grupos de mujeres rebuscan en montones de ropa “reciclada”, sacando de ellos las prendas que están aún en condiciones de ser usadas y desarmando otras para salvar trozos utilizables. Contemplar este proceso (a través de este interesantísimo documental) es como bajar de golpe a la realidad; nos hace ver las enormes cantidades de residuos que genera el sector global de la confección de ropa.

 

Y mientras caminaba por las polvorientas y estrechas callejuelas de Panipat, asomándome al curioso edificio en el que pilas de retazos de tela vaquera aguardaban su destino, me paré a pensar en aquello en lo que nosotros –Fundación C&A– llevamos años trabajando sin descanso. Hace ya casi cinco años relanzamos la Fundación con un objetivo audaz, que algunos calificaron de demasiado ambicioso: hacer de la moda una fuerza para el bien. ¿Qué significa eso en realidad? ¿Cómo es posible que un sector que factura 2.5 billones de dólares, que llega al corazón mismo de algunos de los países más pobres del mundo, tenga un impacto positivo sobre los millones de familias que dependen de él?

 

Estaba decidida a encontrar una respuesta.

 

Para nosotros, ayudar a hacer de la moda una fuerza para el bien no tiene que ver con cambios progresivos. “Ser bueno” no tiene que ver –según las inspiradas palabras de mi admirado ecologista Bill McDonough con “ser menos malo.” Las modestas mejoras logradas en las condiciones de trabajo y en las eficiencias medioambientales son importantes; pero, para ser sinceros, no son suficientes.

 

En cambio, hacer de la moda una fuerza para el bien tiene que ver con un cambio del modelo de negocio subyacente de este sector global y complejo, con pasar de un modelo extractivo a otro regenerativo.

 

Tiene que ver con crear sentido de la responsabilidad, lo que a su vez garantiza un trabajo decente y digno tanto para los agricultores como para los trabajadores de talleres textiles.

 

Tiene que ver con que los niños emigrantes vuelvan a la escuela (en vez de ir a recoger algodón) y puedan tener un futuro más prometedor.

 

Tiene que ver con dar a las trabajadoras oportunidades de alzarse, hacer oír sus voces y tomar el mando.

 

Tiene que ver con otorgar poderes a los legisladores de todo el mundo para que apliquen adecuadamente el método del palo y la zanahoria y fomenten mejores prácticas de negocio.

 

Tiene que ver con que cada uno de nosotros, consumidores, seamos capaces de elegir opciones a favor de la defensa del medio ambiente y la moda ética, haciendo uso de la información de la que disponemos.

 

Y tiene que ver con utilizar el poder de mercado de esta industria para encarar uno de los grandes retos globales de nuestro tiempo: el calentamiento global. El informe presentado el pasado año por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (GIECC) de Naciones Unidas nos concede únicamente 12 años para actuar. Teniendo en cuenta que la industria de la moda provoca el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero, está claro que no tenemos tiempo que perder.

 

A nosotros, como fundación filantrópica, nos toca desempeñar un papel importante. Estamos en condiciones de asumir riesgos, de apostar fuerte, de pensar a largo plazo. Podemos aplicar nuestros recursos a animar a los actores del sector (marcas, minoristas, fabricantes, etc.) a que cuestionen sus modelos de negocio. Podemos probar nuevas ideas, como la plataforma innovadora de Fashion for Good, o nuevos modelos productivos, como los que defienden la transparencia impulsada por los trabajadores. Podemos también reunir a más gente que colabore o fortalezca estas importantes plataformas que impulsan, alientan y convencen a la industria para que acepte la sustentabilidad. Pero nosotros apenas somos una entre muchas otras organizaciones que, con la mejor intención, muestran su compromiso por un mejor futuro para la moda.

 

Si de verdad vamos a hacer de la moda una fuerza para el bien, tenemos que hacerlo juntos.