¿Tu próxima camiseta estará hecha por robots? Por: Leslie Johnston

Probablemente no. Pero ahora que hemos iniciado este año con energías renovadas para continuar con nuestra misión de convertir la moda en una fuerza para el bien, hemos notado que muchas tendencias están transformando la moda sostenible. Para mejor.

No más excusas. Tenemos una razón (o dos) para cambiar. 

Durante años, organizaciones visionarias han presionado a la industria de la confección para ser mejor y más limpia, eliminar químicos peligrosos, permitir salarios dignos y mejorar la seguridad de los edificios. Y hemos visto progreso, desde el acuerdo de seguridad Accord and Alliance en Bangladesh a las acciones positivas que ha llevado a cabo el consorcio ZDHC (Zero Discharge of Hazardous Chemicals). Eso está muy bien. Pero casi todos estos esfuerzos son en gran parte resultado de una tragedia que se pudo haber evitado o de una mayor conciencia del impacto ambiental de la industria.

 En 2017 se publicaron dos reportes importantes: The Pulse of the Fashion Industry y A New Textiles Economy:  Redesigning Fashion’s Future , los cuales dejaron claro por qué continuar actuando de la misma manera no sólo es éticamente inaceptable sino también imprudente desde el punto de vista financiero. Especialmente cuando un camión lleno de textiles se tira en los rellenos sanitarios o se quema cada segundo, cuando sus cargas representan un valor que podría ser aprovechado.

Ambos reportes contaron con el respaldo y el apoyo entusiasta de marcas importantes, minoristas y otros actores involucrados. Ahora, más que nunca, contamos con información. Es momento de actuar.

Nuestro arsenal de herramientas está creciendo.

Varias tecnologías están permitiendo una mayor transparencia y, por tanto, una mayor rendición de cuentas en el sector. ¿Quieres saber cuáles marcas están comprometidas con llevar a cabo prácticas de suministro éticas y transparentes? Puedes enterarte a través del índice Fashion Revolution Transparency Index o para ciertos mercados, con las aplicaciones Good on You o Not My Style .

 O ¿quieres ver cuáles marcas tienen buenas prácticas de compra con sus proveedores? Una plataforma recién lanzada, Better Buying, sirve como una especie de TripAdvisor para el sector y permite a las fábricas evaluar a sus compradores públicamente. El hecho de que las prácticas de compra pueden influir (positiva y negativamente) en las condiciones laborales de las fábricas, es algo que está bien documentado. Si estas prácticas fueran evaluadas públicamente, quizás los compradores tendrían un incentivo para cambiar. Pero, sobre todo, esta emergente economía de datos nos está ayudando a ver lo que está escondido y a tomar la responsabilidad de encontrar un camino mejor.

Innovación primero. 

El reporte Pulse of the Fashion Industry demostró que, si continuamos operando de la misma manera, las marcas de la moda y los minoristas verán, para el año 2030, pérdidas de 45 mil millones al año (una reducción de alrededor del 3% en EBIT). Pero ¿cómo podemos cambiar este modelo de negocio lineal y generador de desechos subyacente a nuestra industria? Necesitamos cuestionar nuestras suposiciones, retar nuestras motivaciones económicas y apostar por la innovación.

 

El año pasado, C&A Foundation creó una plataforma colaborativa, Fashion for Good, la cual tiene el objetivo de encontrar, impulsar e incrementar las innovaciones que buscan transformar cómo se diseña, se produce, se vende y se reutiliza la ropa que tanto nos gusta. Por ejemplo, una de las innovadoras empresas en esta iniciativa, We aRe SpinDye® ha desarrollado una nueva técnica de teñido que reduce el consumo de agua en un 85%, el uso de químicos en un 70% y de energía/CO2  en un 30%. También Tamicare Ltd es digno de mencionar, ya que creó Cosyflex®, la primera tecnología en el mundo para la fabricación en masa de productos textiles acabados e impresos en 3D.

Pero lo que resulta especialmente poderoso es la naturaleza colaborativa de Fashion for Good: al reunir a un diverso grupo de marcas globales y minoristas (incluyendo C&A, Adidas, Kering, Galeries Lafayette y Zalando, todas dispuestas a probar tecnologías nuevas, procesos y modelos en su propia cadena de suministro), podemos ayudar a estos innovadores a probar y replicar lo que funciona en toda la industria textil.

 

Los robots pueden ser buenos para los trabajadores. 

La inteligencia artificial está transformando la manera en que hacemos nuestras compras. Basta ver el reciente lanzamiento de Amazon Go en Seattle, la primera tienda en el mundo sin cajas ni filas.

¿Cambiará esto también la manera en que se produce nuestra ropa, eliminando quizás el empleo de millones de trabajadores de la industria textil?  Con el aumento de innovadores como SoftWear Automation y Sewbo, y, gracias a la automatización, el gradual reshoring o vuelta a casa de la producción textil a lugares como Carolina del Norte, no es de sorprender que muchos estén anunciando (o temiendo) el auge de la era de los robots. De hecho, en 2016, la Organización Internacional del Trabajo advirtió que, en las próximas décadas, los trabajadores textiles en países como Indonesia, Camboya y Vietnam podrían ser reemplazados por robots. Sin un adecuado control, este avance podría generar pérdidas de empleo significativas en los países productores.

Pero la realidad puede ser diferente. Primero, la automatización no puede aún competir en precio con el trabajo manual, como lo señaló recientemente el director general de Crystal Group, la compañía de confección de ropa más grande del mundo. Tomará tiempo, lo que da a la industria textil oportunidad para prepararse. 

Segundo, la automatización puede tener un efecto positivo en los empleos, al convertir trabajos repetitivos y que pagan el salario mínimo, en trabajos que requieren mayores habilidades y son mejor pagados. Pero esto requiere liderazgo y un esfuerzo significativo por parte de los gobiernos, las empresas y la sociedad civil. Requiere un cambio en las dinámicas de poder entre empleadores y empleados. Requiere una cuidadosa mitigación además de recursos para la conversión. ¿Está la industria lista y dispuesta a asumir este compromiso?

Mirando hacia delante.

La industria de la confección a nivel global se encuentra en un punto de inflexión. Nunca hubo antes una disrupción potencial tan grande, como lo demuestra el reporte 2018 McKinsey & Company and the Business of Fashion. 

Al mismo tiempo, el nivel de colaboración precompetitiva entre marcas, minoristas y fabricantes continúa elevándose. Esto debería darnos esperanza de que la industria se está tomando en serio la sostenibilidad y está siendo suficientemente audaz como para dejar a un lado los enfoques de “lobo solitario”, con miras al bien común.

Pero para que esto tenga éxito, no sólo necesitamos colaboración, sino también convergencia. Reduzcamos los proyectos competitivos, los esfuerzos duplicados, el ruido de fondo, y mejor busquemos unirnos para transformar la industria. Y no olvidemos al actor más importante, el que tiene más que ganar (o perder) que nadie, pero que suele tener la voz más débil: el trabajador textil.