¿Es posible crear una maquila que ponga a los trabajadores primero?

Durante décadas, la ciudad de Piedras Negras fue conocida como uno de los centros industriales más importantes del país. Tal desarrollo industrial motivó la creación de fábricas textiles y de confección, así como la llegada de grandes fábricas automotrices internacionales. Parecía una promesa de crecimiento económico y generación de empleos muy atractiva, el problema es que con el paso del tiempo, los empleos ofrecidos no facilitaban a los trabajadores una vida digna y plena. Además de las largas jornadas laborales, surgieron los accidentes laborales, los bajos salarios y un sinfín de abusos laborales, psicológicos e incluso sexuales dentro de las fábricas.

La situación motivó a un grupo de trabajadoras a organizarse para defender sus derechos y les hizo pensar en un modelo de negocio que cumpliera con las necesidades de las maquilas (producción en serie y tiempos de entrega certeros) pero que tuviera un trato digno hacia las trabajadoras..

Con el objetivo de romper el paradigma de que el modelo de negocio de una fábrica está diseñado para explotar al personal, , el Comité Fronterizo de Obreros (CFO) creó la maquila Dignidad y Justicia. En ella, mujeres como Consuelo y Natalia, quienes cuentan con una gran experiencia en la confección, pueden desarrollar sus habilidades y crear un modelo de trabajo funcional y respetuoso.

"Nuestra maquila es muy pequeña, son 4 talleres independientes que se reúnen si tenemos un proyecto más grande. Esta forma de trabajar es mucho más flexible que las otras empresas con las que las trabajadoras han estado. En este espacio, por ejemplo, tienen la libertad de organizarse y tener horarios que les permitan estar con sus familias sin ningún problema", comentó Julia Quiñonez, coordinadora del Comité Fronterizo de Obreros (CFO).

En el taller central, ubicado en las oficinas del CFO, trabaja Consuelo, una joven madre de familia. Sin embargo, y a diferencia de sus empleos anteriores, esta vez puede hacerlo de manera cómoda y en un ritmo más pausado, el cual le permite ir a casa y convivir con sus hijos. “En las maquilas tradicionales se requiere estar paradas porque o las máquinas son muy altas o se tienen que mover. Supuestamente ellos lo acomodan de acuerdo con las máquinas, pero se olvidan de las trabajadoras, porque las largas horas de pie se convierten en problemas de salud”, explicó.

Consuelo, quien junto con sus compañeras confecciona uniformes, camisetas y hasta vestidos de Primera Comunión, es una de las integrantes que más ha contribuido a este esfuerzo.“Una de las cosas que más me gusta de esta maquila es que además del trabajo tenemos talleres. Por ejemplo, hace poco tuvimos uno sobre riesgos sanitarios, y nos explicaron con muchos detalles cómo identificar lo que nos duele y los códigos para entender alguna emergencia sanitaria”, detalló.

Por su parte, Natalia es diseñadora de modas y, aunque no trabaja físicamente en el taller del CFO, cuenta con una pequeña habitación en casa para poder patronar y cortar algunos de los uniformes. “Llevo tres años con el CFO y la he visto crecer gracias a nuestro esfuerzo. Definitivamente hemos podido tener muchas mejoras, pero todavía nos hacen falta materiales como una máquina para bordar. Muchos de nuestros clientes son escuelas y necesitamos esa máquina para poderles entregar lo que están buscando”, menciona.

Poco a poco, estos talleres han logrado más y mejores clientes, además de unas condiciones de trabajo que son ideales para las personas que participan en ellos. Así, las trabajadoras de Dignidad y Justicia están rompiendo el paradigma demostrando que sí es posible un modelo de negocio que ponga primero el bienestar de sus trabajadores.