“Cuando los trabajadores conocen sus derechos y cómo exigir que se cumplan, se dan cambios importantes en sus vidas”, Julia Quiñonez

Julia trabajó en las maquilas desde los 15 años para poder pagar sus estudios.  Así decidió dedicar su carrera a luchar por e los derechos de los trabajadores. Actualmente es Coordinadora del Comité Fronterizo Obrero, una asociación enfocada en mejorar las condiciones de trabajo (y vida) de los trabajadores y trabajadoras de las maquiladoras en la zona maquiladora de Piedras Negras, Coahuila, colindante con la frontera de Estados Unidos. Ésta es su historia.

Comencé a trabajar en la maquila a los 15 años para pagar mis estudios porque en mi familia no habían los recursos económicos para permitírmelo y yo estaba decidida a continuar estudiando. Mis padres y mis hermanas también trabajan en la maquiladora, así que la decisión fue natural. Mi familia y yo habíamos emigrado a Piedras Negras cuando yo tenía apenas seis años desde un pequeño municipio en Durango, Ignacio Allende, donde yo nací.   

Mi primer empleo fue en una compañía de gasas quirúrgicas para hospitales y en ese tiempo pagaba un poco más que las otras. Durante cinco años me levanté  a las seis de la mañana para ir a trabajar, luego hacía mis prácticas y así logré seguir estudiando. Todo mi mundo era el trabajo y estudiar, porque estaba decidida a no seguir trabajando en la maquiladora.

En realidad no quería estudiar Trabajo Social, yo quería ser abogada. Pero cuando terminé la secundaria y preparatoria, en mi ciudad, no existía la carrera de Leyes. Entonces, decidí estudiar una carrera que me permitiera ayudar a los demás y lo más cercano era Trabajo Social.

Conocí el Comité Fronterizo de Obreras y Obreros en 1987, cuando trabajaba en la maquiladora. La organización es pionera en derechos laborales y se fundó desde 1979.. Las promotoras del estado de Tamaulipas, donde se fundó el comité, iban a Piedras Negras y visitaban mi casa para enseñarles a mis papás sus derechos y aunque ellos no tuvieron mucho interés,  cuando yo comencé a trabajar, sí me preocupé por las situaciones de injusticia.

A pesar de que era muy joven, yo iba a las reuniones y a los 17 años fui electa en la mesa directiva del sindicato. En la fábrica, empezaron a decir que me eligieron porque yo estaba estudiando, pero lo que yo sabía de mis derechos no era por la escuela sino por las reuniones que se estaban celebrando por el Comité Fronterizo de Obreras y Obreros. En las pequeñas reuniones en casas, los trabajadores nos sentíamos en confianza de poder hablar de los problemas que teníamos en el trabajo.

Después de la maquila estuve en posiciones de Trabajo Social por ocho años y durante ese tiempo estuve en la mesa directiva del CFO. Cuando me convertí en Coordinadora, buscamos aliados y uno fue Fondo Semillas, el Fondo de Mujeres Invirtiendo en Mujeres. El apoyo que brinda Fondo Semillas es una gran oportunidad para que las organizaciones de base, que están formándose, puedan salir adelante, porque apoyan a organizaciones que aún no tienen registro. El CFO es una organización más grande, ya teníamos registro y hemos tenido otras fuentes de financiamiento, pero contar con el apoyo de Fondo Semillas fue muy importante.

Nosotros en la frontera teníamos muchas empresas de la confección y cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio muchas de ésas empezaron a irse al centro y sur de México, dejando a muchas mujeres, de excelente mano de obra y con mucha experiencia, desempleadas. , Difícilmente eran contratadas ya por su edad, por discriminación o por defender sus derechos. Dignidad y Justicia nació en 2004, un taller de confección integrado por siete mujeres expertas en la confección que se habían quedado sin empleo, impulsado por el Comité Fronterizo Obrero. Está registrado como una maquiladora para tener los beneficios que tienen las compañías tradicionales para importar y exportar.

El conocimiento es poder y cuando los trabajadores conocen sus derechos y cómo exigir que se cumplan, se dan cambios importantes en sus vidas,  por ejemplo; evitan castigos injustificados,el pago de horas extra, las mujeres puedan levantar la vista y ver a los ojos a un gerente o supervisor abusivo, solo así pueden evitar acosos sexuales o verbales. En una compañía tenemos documentados más de 50 cambios por los que se han luchado. Los trabajadores se han organizado para exigir esos derechos.

Aunque hemos logrado avances claros, nos queda mucho por hacer y uno de los retos más grande es sin duda la existencia de sindicatos blancos, que son la mayoría en México. Éstos tienen un papel de subordinación frente a la empresa, firman contratos de protección para que las compañías estén seguras y evitar brotes de organización o de trabajadores que exijan derechos. Por eso, uno de los objetivos del CFO ha sido que se ejerza el derecho de los trabajadores y se organicen colectivamente.  El papel de los sindicatos deja mucho que desear; están a favor de los contratos temporales y prácticamente desean que todas las violaciones se legalicen. La reforma laboral es urgente que se lleve a cabo y que vele por el bienestar del trabajador eliminando esa posición de subordinación y de corrupción que tienen los sindicatos actuales. Para mi ha sido un privilegio poder ayudar, ser parte de esta organización y trabajar en la base y las alturas, porque creo que ha sido una herramienta para nosotros, al igual que el representar a las trabajadoras mexicanas, porque he sido una de ellas. El que una trabajadora pueda exigir sus derechos, mejorar sus condiciones laborales, enviar a sus hijos a la escuela y empoderarse no tiene precio.

La necesidad sigue existiendo de que más mujeres se sigan desarrollando, vienen nuevos retos y tenemos que seguir preguntándonos cómo vamos a negociar. También tenemos la reforma del TLCAN y la reforma laboral en el tintero. El trabajo se necesita, pero no se hace solo, necesitamos aliados y el apoyo de Fondo Semillas, Fundación C&A y más organizaciones de la sociedad civil seguirá siendo imprescindible.